dc.creatorBuitrón Buitrón, Sigrid
dc.creatorNavarrete Talavera, Patricia
dc.date.accessioned2015-03-05T17:06:32Z
dc.date.available2015-03-05T17:06:32Z
dc.date.created2015-03-05T17:06:32Z
dc.date.issued2015-03-05
dc.identifier2223-2516
dc.identifierhttp://hdl.handle.net/10757/346232
dc.identifierRevista Digital de Investigación en Docencia Universitaria (RIDU)
dc.description.abstractLa presente reflexión se centra en la importancia del rol del docente como agente de desarrollo de la inteligencia emocional en sus estudiantes. En las últimas décadas, ha surgido la necesidad de considerar a la educación no solo como un instrumento para el aprendizaje de contenidos y desarrollo de competencias cognitivas, sino también como un espacio que contribuye a la formación integral de los alumnos. Que favorece la construcción y reforzamiento de valores. Que enseña a llevar vidas emocionalmente más saludables. Y que impulsa la convivencia pacífica y armónica. La educación emocional es entendida como el desarrollo planificado y sistemático de habilidades de autoconocimiento, autocontrol, empatía, comunicación e interrelación. Ha cobrado un papel fundamental y hoy requiere ubicarse de forma transversal en la programación educativa y la práctica docente. En este contexto, se hace indispensable formar maestros “emocionalmente inteligentes”, que puedan cumplir el reto de educar a sus alumnos con un liderazgo democrático. Que, a través de sus experiencias, puedan enseñar a reconocer, controlar y expresar respetuosa y claramente sus emociones. El clima del aula, generado por la actuación del maestro, impactará definitivamente en el aprendizaje de los alumnos.
dc.description.abstractLa presente reflexión se centra en la importancia del rol del docente como agente de desarrollo de la inteligencia emocional en sus estudiantes. En las últimas décadas, ha surgido la necesidad de considerar a la educación no solo como un instrumento para el aprendizaje de contenidos y desarrollo de competencias cognitivas, sino también como un espacio que contribuye a la formación integral de los alumnos. Que favorece la construcción y reforzamiento de valores. Que enseña a llevar vidas emocionalmente más saludables. Y que impulsa la convivencia pacífica y armónica. La educación emocional es entendida como el desarrollo planificado y sistemático de habilidades de autoconocimiento, autocontrol, empatía, comunicación e interrelación. Ha cobrado un papel fundamental y hoy requiere ubicarse de forma transversal en la programación educativa y la práctica docente. En este contexto, se hace indispensable formar maestros “emocionalmente inteligentes”, que puedan cumplir el reto de educar a sus alumnos con un liderazgo democrático. Que, a través de sus experiencias, puedan enseñar a reconocer, controlar y expresar respetuosa y claramente sus emociones. El clima del aula, generado por la actuación del maestro, impactará definitivamente en el aprendizaje de los alumnos.
dc.languagespa
dc.publisherUniversidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)
dc.relationhttp://revistas.upc.edu.pe/index.php/docencia/article/view/8
dc.rightshttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
dc.rightsinfo:eu-repo/semantics/openAccess
dc.subjectInteligencia emocional
dc.subjectEducación emocional
dc.subjectDocente
dc.subjectFormación integral
dc.subjectEmpatía
dc.subjectCompetencias personales
dc.subjectCompetencias sociales
dc.titleEl docente en el desarrollo de la inteligencia emocional: reflexiones y estrategias
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/article


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